Garitaroja-guanarteme.- No hace mucho que desde todos los frentes mediáticos se nos hacía creer que tras la desaparición de la Unión Soviética y el mundo socialista, la guerra fría había finalizado y el capitalismo triunfante era un paraíso de progreso y bienestar, de libertad y democracia sin igual. Pocos años después, la inseguridad mundial es la más alta que se recuerda, la crisis económica se descarga «generosamente» sobre los hombros de los trabajadores: despidos masivos, precarización del empleo, reducciones de salarios, ampliación de la jornada de trabajo, cierre de empresas, deslocalización… Todas las lacras del capitalismo se están acentuando y serán aún peores a medida que el poder los agrave para sufragar el gasto armamentístico y la guerra. El imperialismo no puede tolerar la más mínima disidencia y, al tiempo que se pelean por un nuevo reparto del mundo con el que salir a flote de su endémica crisis, incrementan las medidas represivas políticas, policiales y de contrainformación ideológica y psicológica con las cuales intentan neutralizar y, si no lo logran, aplastar al movimiento alternativo y popular y a sus organizaciones más combativas y de vanguardia en no importa qué parte del mundo, con la escusa del terrorismo.
El caso de Afganistán es terrible. El imperialismo norteamericano con la excusa del 11-S no sólo ha arrasado ese país sino que lo ha regresado a viejas y antisalubres costumbres. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (que me he preocupado de visitar) la cosecha sin precedentes de este año, 6.100 toneladas de opio, generará más de $3 mil millones de ingresos ilícitos, equivalente a casi la mitad del PGB de Afganistán. Las ganancias de los traficantes que forman parte del resto de la cadena de distribución y consumo serán casi 20 veces esa cifra. El dinero del opio está corrompiendo a la sociedad afgana de los pies a la cabeza. La complicidad de altos niveles de la administración local permite que miles de toneladas de precursores químicos, necesarios para producir heroína, ingresen al país en camiones, y por su territorio circulan convoyes armados transportando opio en bruto. Algunas veces incluso el ejército y la policía están implicados. A fuerza de armas y cohechos, los transportes pasan sin problemas por los controles de seguridad. Los opiáceos cruzan con total libertad las fronteras hacia Irán, Pakistán y otros países del Asia Central. Los campos de opio de los ricos terratenientes permanecen intocados, ya que las autoridades locales reciben su parte del negocio. Los traficantes importantes nunca van a juicio, porque los jueces reciben sobornos o intimidaciones. Las altas autoridades de gobierno obtienen parte de los ingresos del opio, o suculentos sobornos, a cambio de su silencio. Lo que es peor, algunos gobernadores de provincia y autoridades de gobierno son ellos mismos actores principales del narcotráfico.
Los afganos están hartos de los magnates arrogantes y bien armados que viven en mansiones y conducen limusinas Mercedes de lujo, en un país donde apenas un 13% de la población tiene electricidad y la mayoría debe sobrevivir con menos de 200 dólares al año . Los gobiernos occidentales han preparado a fiscales y policias para que sean los propios afganos los que acaben con el narcotráfico. Que majos verdad, ahi os queda esa patata arreglalo tú que yo ya te subvenciono y preparo profesionales. Gracias a Norteamerica y Occidente los prosoviéticos no gobernaron y dejaron el poder a los salvajes talibanes. Ahora echan a los talibanes y dejan el país vendido al caos y al opio.
Eso es el capitalismo, (en el cual participa el Estado Español) su verdadera cara ya se está viendo, la destrucción de la ética por el mercado, la sustitución de la participación popular por la imposición policial-militar, la entrega a los poderes facciosos económicos de la salud, la educación, la información, la vivienda, la alimentación…. y como no, la obligación que tenemos todos los humanos de pensar, vivir y consumir como dicen ellos, de dejar nuestros recursos en manos de sus empresas, en cualquier país del mundo, por las buenas o por las malas. Los burgueses que tiene cuatro duritos y el piso-hipoteca-magnum, no se dan cuenta de ello, o no se quieren dar, o si se dan pero les resbala porque todavía no les salpica. La pena es que no les salpicará, les empapará de arriba abajo.