Unas horas antes de marchar a Euskadi, tuve el placer de almorzar con él y sus músicos, en un restaurante del barrio chino habanero, “Los Tres Chinitos”, donde al calor de los arroces, el pollo y cerdo agridulce, los rollos imperiales y demás viandas típicas, hablamos del disco, de los conciertos y de la extensa gira que le aguarda este verano. La incómoda resaca de la noche anterior, fue sabiamente derrotada con varias cervezas Bucanero, una de las glorias del rubio brebaje aquí en Cuba. Pero la penicilina que llevaba mi cuerpo encima no quiso copular con el lúpulo, así me tuve que conformar con unos buenos tragos de agua del manantial de Ciego Montero para brindar por el feliz regreso a casa.de Fermín y los catorce músicos que le acompañan.
Seguir leyendo artículo.






