Con 44 años cumplidos en abril y sólo nueve meses en la presidencia, dice no estar temeroso de la reacción de empresas españolas como Repsol o Telefónica ante su decisión de renegociar los suculentos contratos actualmente en vigor. Y si está preocupado, lo disimula muy bien.
Su relación con la prensa es también tormentosa. Le acusan de intentar silenciar a quienes no comparten sus opiniones.
No tenemos nada contra la prensa pero si contra la calumnia, la injuria, la corrupción y la mediocridad. Y de eso hay mucho en la prensa ecuatoriana. Me refiero a los dueños de ciertos medios de comunicación vinculados a la banca y a los grandes grupos de prensa escrita. Sin embargo, nuestra victoria del 30 de septiembre en las elecciones de la Asamblea Constituyente también fue su derrota. Desde entonces parece que se han vuelto más objetivos. Veremos cuánto les dura.






