Las víctimas de la violencia deben ser honradas, respetadas y tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones. Pero uno de los defectos, humanos y lógicos, de una victima es el resentimiento. Y el resentimiento no debe ser la base de una política que quiera desterrar la violencia de nuestras vidas. Por eso Juan Pablo II dijo tal frase, «La espiral de la violencia sólo la frena el milagro del perdón».
Que cada uno tome sus conclusiones. Pero yo tengo muy claro que ayer el Diablo paseó su bandera de odio, resentimiento, ojo por ojo, sangre y oro por las calles de Madrid. Quizás como también sabia con quien se andaba, otra persona no «sospechosa», como José Antonio Primo de Rivera dijo que «preferimos la bala de la izquierda que la palmadita en la espalda de la derecha».
Te dan la palmada quizá como empujón hacia la tumba.






