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Garitaroja/Guanarteme.-  Con la retirada de Fidel, se aprovecha para hablar de Cuba ni se sabe cuanto… Todos meten sus narices en Cuba y quieren que cambie de hoy para mañana. No recuerdan que los cambios de hoy para mañana sólo traen muertos, caos económico y de todo tipo. Sólo los puercos pueden estar celebrando «la libertad» de hoy para mañana en Irak, aunque nada tenga que ver con Cuba, o en Rusia, o en tantos sitios a los que «la libertad» no ha llevado más que desolación.

Bien, una de las posturas más demagógicas en el tema de Cuba surge cuando se recuerda la corrupción, los casinos, la prostitución que existía durante la dictadura de Batista (un hijo de puta al que ni siquiera Franco dio asilo)  y se compara con lo que hay ahora. Claro como no se ha leído sobre el tema, se traga que el tema jineteras era lo que había antes también. Que ridiculez y que ignorancia.

Saco de mi archivo un artículo de Luis Ortega, un periodista cubano afincado en Miami (¿os vale la imparcialidad? ) y que voy a transcribir integramente para acallar tanta boca sucia de macho hispano colonialista poyicorto.

VAMOS A HABLAR DE LA PROSTITUCION EN CUBA
El presidente Bush ha descendido de su pedestal para denunciar que hay mucha prostitución en la Cuba de hoy. Obviamente, el presidente no sabe lo que fue Cuba en un tiempo pasado y lo que es ahora.
Por: Luis Ortega (NEW YORK DAILY NEWS – TRABAJADORES)
Fecha publicación:28/07/2004

{Tampoco sabe lo que es el propio lugar donde vive, es decir, Washington D.C., donde la prostitución, masculina y femenina, es una de las industrias más lucrativas, suponiendo que eso se pueda llamar industria.

Cuba fue, desde los tiempos de la colonia, y hasta el triunfo de la Revolución, uno de los centros más importantes de prostitución en las Américas.

Eso lo viví yo de cerca y tengo muchos recuerdos.

En La Habana, la capital, la prostitución era uno de los negocios más lucrativos para los jefes de policía y sus subordinados.

Recuerdo un episodio muy pintoresco. Ocurrió durante los años 40, más o menos. La casa de prostitución más famosa de la capital era la casa de Marina. Estaba en la calle Genios, muy cerca del Palacio Presidencial. Muchos turistas americanos salían del barco e iban derechitos para la famosa casa.

Un día llegó a La Habana el actor Errol Flyn, que era entonces muy famoso y enseguida lo llevaron a la casa. Alguna muchacha del barrio lo vio entrar en la casa y dio la voz en toda la zona.

Entonces ocurrió algo muy curioso. Más de mil mujeres, de todas las edades, e incluso niñas, se aglomeraron frente a la casa de Marina exigiendo que Errol Flyn saliera. Querían verlo. Querían su autógrafo. Querían sobarlo.

Fue un verdadero escándalo. Todo aquel barrio, el espacio entre Galiano y el Prado, y entre Neptuno y la calle San Lázaro, estaba ocupado por miles de casas de prostitución.

Era uno de los mejores negocios de la ciudad.

Andando los años, Marina mudó su negocio para la calle Trocadero. Creo que entre Industria y Crespo, si no me equivoco. La zona llegó a convertirse en un escándalo intolerable. Llovían las críticas.

Un día se me ocurrió iniciar en el periódico donde yo trabajaba una campaña contra la prostitución. Aquello fue sensacional. El primero que se disgustó conmigo fue el jefe de la policía, luego los ministros del gobierno.

La campaña fue de tal naturaleza que no tuvieron más remedio que invadir el barrio y cerrar todas las casas de prostitución. Botaban los muebles para la calle, expulsaron a las mujeres, detuvieron a las dueñas. Se excedieron con el propósito de buscarme el odio de aquellas gentes y lo consiguieron.

A la pobre Marina le tiraron los muebles por el balcón. A partir de aquella masacre yo tuve que andar con pies de plomo. El teléfono de mi casa sonaba constantemente para transmitirle chismes a mi esposa. Me hicieron la vida insoportable.

Un día, ocurrió algo inesperado. Me llamó Marina, a la que yo no conocía, y me dijo que quería hablar conmigo privadamente. La cité en la calle 12 a la entrada del cementerio. Llegué, me estacioné detrás del carro de Marina y me pasé para su automóvil. Tan pronto me senté al lado de la mujer, ella rompió a llorar.

‘Usted ha desgraciado mi vida, usted me ha arruinado’, decía entre sollozos. Luego se calmó y me dijo que estaba arruinada, que yo era el culpable.

Hay que imaginar el cuadro, en la parte trasera de un automóvil. Yo no sabía que hacer. Entonces me dijo que ella quería abrir su casa y necesitaba mi permiso. Yo protesté. ‘No es cierto’, le dije. ‘Sí, es cierto, yo tengo el permiso del presidente, del ministro, del jefe de la policía, pero si usted me publica una nota me vuelven a cerrar’, me dijo.

Me ofreció dinero. ‘Marina, si yo le acepto a usted solamente diez centavos, a la media hora lo sabe toda La Habana’. Rogó, lloró, amenazó. Al fin le dije: ‘Mire, Marina, haga lo que usted quiera. Mientras viva yo no me vuelvo a meter con el negocio de la prostitución’, le dije. Y entonces me dio abrazos y besos.

Fue una dura experiencia para mí. La revolución, por supuesto, no acabó con la prostitución. Yo lo sé. Pero no es ahora lo que era en tiempos de la colonia. El presidente Bush exagera. No sabe de qué está hablando. Debe preocuparse más de lo que ocurre alrededor de la Casa Blanca. Cuba es hoy otro país.}

Creo que ya no es necesario volver a incidir más en el tema, sobre todo por un respeto que tengo a las Cubanas y que muchos españolitos no tienen.

¡HOLA!

Javiguanarteme

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La justicia es la venganza del hombre social como la venganza es la justicia del hombre salvaje. Epicuro de Samos