Garitaroja/Guanarteme.- Dos noticias que son exponentes de que vivimos en un régimen donde la igualdad de oportunidades sólo existe en la mente de los utópicos. Una en Terra.es,
La Infanta Elena estrena casa de 1,8 millones €.
Por lo pronto, ya ha comprado una nueva vivienda en el barrio madrileño del Niño Jesús, en el que no le faltará nada, puesto que se trata de un ático de 468 metros cuadrados, con cinco dormitorios, otros tantos cuartos de baño, salón, comedor o zona de servicio, entre otras cosas, valorado en 1.800.000 euros.
Además, la Infanta Elena comenzará a trabajar en el área del Instituto de Acción Social de la Fundación Mapfre, donde se espera su incorporación para el próximo mes de septiembre.
De esta forma, la hija mayor de los Reyes compaginará dos trabajos, puesto que también da clases de inglés en el colegio del que es copropietaria, además de las funciones propias de la Familia Real.
Doña Elena, licenciada en Ciencias de la Educación, tras ejercer como profesora de Inglés y Humanidades en su antiguo colegio de Nuestra Señora del Camino el curso 1986-1987, retomó la actividad docente en 2003 como profesora de Inglés en una escuela infantil.
Está claro que en este país cualquier maestra pluriempleada en una Fundación puede permitirse un ático de 299 millones de las antiguas pesetas.
Pero la otra cara de la moneda la pone una persona anónima en una carta en el Periódico de Catalunya.
Nos han engañado. La supuesta ley para ampliar el plazo de las hipotecas es selectiva. Tu banco te somete a un estudio de riesgos y ellos valoran. Prácticamente tienes que estar sin un céntimo al finalizar el pago de los préstamos adquiridos para que te lo concedan. Esto lo he descubierto tras gastarme unos 30 euros en faxes y aún no sé cuánto en llamadas telefónicas. Según ellos tenemos ingresos suficientes para pagar (yo soy enfermera; mi marido, celador; tenemos un hijo de 10 meses y una hija de mi marido a la que pasar la manutención y todo lo que implica), y por la edad de mi marido no pueden ampliarla 10 años más, lo que no tuvo peso al firmar la hipoteca. ¡Ah, claro! La ley ha cambiado. Nos sentimos engañados. Con la ilusión y la necesidad que teníamos por tener nuestra casa, y lo hartitos que estamos ahora de ella… Gracias al Gobierno por esta… ¿ayuda?
Montse Navarro-Soto Ballester
Cunit
Está clarísimo, pero cuando decimos estas cosas, los aspirantes a sinverguenzas nos llaman envidiosos. Que se le va hacer.






