GUANARTEME.- Decir una opinión consecuente quizás sería un poco chulesca y poco acertada. Pero si diferente.
Con el tema de los cementerios nucleares se ha abierto una polémica en este país poco realista. Estamos pagando a Francia un pastón para enterrar nuestros residuos. A partir de este año el alquiler sube a un precio prohibitivo para un país con cuatro millones de parados. Algo hay que hacer con esta porquería. Se puede decir No a las Nucleares, si pero, y lo que ya está ¿que? ¿se volatiliza? Pasar de los residuos si que sería exponer a la población a riesgos.
Estamos de acuerdo en que las centrales nucleares en el estado español han dado muchos problemas de seguridad. No así las francesas, que por cierto, el accidente de cualquiera de ellas nos perjudicaría tanto como una de las nuestras.
La energía nuclear se caracteriza por producir, además de una gran cantidad de energía eléctrica, residuos nucleares que hay que albergar en depósitos aislados y controlados durante largo tiempo. A cambio, no produce contaminación atmosférica de gases derivados de la combustión que producen el efecto invernadero, ni precisan el empleo de combustibles fósiles para su operación. Sin embargo, las emisiones contaminantes indirectas derivadas de su propia construcción, de la fabricación del combustible y de la gestión posterior de los residuos radiactivos (se denomina gestión a todos los procesos de tratamiento de los residuos, incluido su almacenamiento) no son despreciables.
Con una buena gestión y unas modernas medidas de seguridad basadas en la cooperación industrial internacional, podríamos obtener una suficiencia energética superior al 21% actual que las centrales españolas generan de energía eléctrica.
Y todo ello mientras se potencian las energías limpias, que hoy por hoy viven de las subvenciones estatales, por su carestía. Cuando estas energías fuesen autosuficientes y rentables para toda la sociedad, podríamos acabar con las nucleares.
Construirlas lejos de zonas urbanas o rurales, para que no perjudiquen la salud como las antenas de telefonía móvil o las centrales de alto voltaje, o las refinerías, o las químicas y las petroquímicas, o las regasificadoras marinas.
No me gusta la energía nuclear pero, hasta que no se consiga que las energías limpias satisfagan la demanda nacional de electricidad que una sociedad moderna necesita, sin derroches, pero con unos derechos que para ser efectivos necesitan de la energía, la nuclear no puede ser desechada, de ninguna manera.
Como ya se dice en Estados Unidos y otros países, el futuro no puede pasar por la reducción del salario, si no del gasto energético.
¡ENERGIAS BARATAS PARA UN SALARIO JUSTO!
Deberíamos estar vigilantes ante estas industrias y no radicalmente opuestos. Por lo menos de momento.
Ya se que esta postura no es la oficial de la Izquierda, pero yo pienso que en la moderna Izquierda, lo oficial debe ser la utilización de todas las herramientas existentes , incluso capitalistas, para beneficiar al pueblo, desde un orden de Estado y no desde una anarquía empresarial. Desde una economía vigilada por el Estado como garante de la libertad de oportunidades y de los derechos de los trabajadores.
Por todo ello pienso que la Energía Nuclear no es deseable, pero tampoco desechable. Y sobre todo seamos consecuentes, no callen ante Irán, Pakistan, Indía, China y otros países que quieren la energía nuclear segura para disminuir el impacto económico y aumentar la producción energética. No se callen cuando Chávez dice, con razón, que es un derecho de cualquier país.
No matemos al mensajero y seamos prácticos.






