
GUANARTEME (de diversas fuentes).- Llegué por pura casualidad a leer la biografía de esta heroína peruana. Así que en un día como este ocho de marzo, que mejor que recordar algo de su vida para homenajearla, a ella y a todas las luchadoras del mundo. Es decir a todas las mujeres, porque hagan lo que hagan, estén donde estén, siempre están luchando. Sea por la violencia, sea por el machismo, sea por la desigualdad laboral, sea por sus hijos. La vida de la mujer es una lucha continua.
Micaela Bastidas Puyucawa nació en Abancay (Sur del Perú) en 1745. A los 15 años se casó con el cacique José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II) con quien tuvo tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando.
Siendo muy joven, José Gabriel estudió en el Colegio de los Jesuitas del Cuzco. Más tarde tuvo relación con los círculos intelectuales limeños, donde forjó su propósito rebelde. Por ello Micaela diría más tarde que “en Lima le abrieron los ojos”.
José Gabriel aprovechaba el negocio de transporte que realizaba a lo largo de los Andes, pactando adhesiones para su causa. Se rodeó de un círculo de intelectuales ilustrados, que contribuyeron a fundamentar sus peticiones legales.
Micaela Bastidas ha de haber tenido también algunos estudios escolares, pues sabía leer y escribir en castellano. Pero, aun sin educación, su grado de madurez mental alcanzó nivel insospechado, tal como lo demostró en los episódicos sucesos que vivió como protagonista de la rebelión independentista.
En 1780 lideró, junto a su esposo, la gran rebelión anticolonial buscando terminar con el mal gobierno, las injustas reformas fiscales y los abusos contra los indios. estaba por finalizar 1780 y las quejas de los indígenas cuzqueños contra los españoles se acrecentaban. Cada día era mayor el sufrimiento y la explotación. En el altiplano aymara, contaban con la alianza de Tomás Katari, que levantó a los mitas de Potosí, exigiendo que se cumpliera la jornada de doce horas. Cuando Katari murió asesinado tras vencer en los tribunales de la Real Audiencia de La Plata, Micaela vio demostrado que era imposible prolongar el régimen opresivo. Luego de haber agotado todas las vías de reclamación pacífica, legal y humana, José Gabriel Condorcanqui dio el primero Grito de Libertad en Tinta difundiendo una Proclama y tomado prisionero al Corregidor de ese lugar, Antonio de Arriaga, instalando su cuartel general en Tungasuca.
Desde el primer Momento Micaela Bastidas se convirtió en la principal consejera de Túpac Amaru II llegando a formar parte del famoso “consejo de los cinco”. Micaela dirigía una red de espias que la mantenían informada de los movimientos del ejercito y a la vez gestionaba la logística del movimiento, decidiendo sobre armas y municiones.
Como ejemplo, cuando los ejércitos del Rey quisieron atacar por la retaguardia la marcha de José Gabriel, Micaela despachó un contingente de mujeres al mando de la warmi-kuaraka de Akos-Pomakanchis, Maria Titu Condemayta, que heroicamente contuvo a las tropas reales en el puente de Pilpinto.
Al fracasar la sublevación fue capturada y llevada al Cusco, donde fue sentenciada al estrangulamiento. La pena se cumplió en la Plaza de Armas el 18 de mayo de 1781. Micaela tuvo que asistir a la ejecución de su primogénito Hipólito, a quien le cortaron la lengua antes de colgarlo en el largo cadalso de color verde que el Visitador Areche ordenó levantar en la Plaza de Armas del Cuzco.
También vio morir a Tomasa Titu Condemayta con la pena del garrote; y a sus principales colaboradores.
José Gabriel Thupa Amaru resistió la fuerza de los caballos, luego de que le cortaran la lengua. Finalmente fue decapitado y desmembrado; y las cabezas y los miembros de ambos cónyuges se distribuyeron entre los pueblos que les prestaron mayor devoción: Tinta, Surimani, Tungasuca, Pampamarca…
A Micaela sus verdugos le cortaron la lengua, le anudaron al cuello una cuerda que tiraron desde lados opuestos y, mientras agonizaba, la patearon en el vientre y en el pecho. Todo ello, porque su extremadamente fino cuello resistió el garrote vil.
«Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo. No veré florecer a mis hijos…