GUANARTEME.- Este fin de semana ha sido penoso para mi. De lo que podía ser un encuentro alegre se pasó a una tragedia familiar. ¡Que poco vale nuestra vida! Ver a un ser humano muerto, en algunas condiciones, es tan penoso e impactante como el derrumbe de tus mitos, o el de la consideración del humano como alguien privilegiado en el mundo. La realidad es que no lo es. Es un animal más, en su forma de nacer y en su forma de morir.
Pese a las grandes cosas que somos capaces de hacer durante nuestra vida, nacemos y morimos como mamíferos, ni más ni menos. Con palacete y rolls, o con cartones en el metro. Con féretro de oro o con la caja básica.
La realidad que tenemos los seres humanos es misera. Podemos estar hoy en todo lo alto del éxito y mañana con peor color y aspecto que un zorro atropellado por un coche.
Las religiones nos sirven de droga o calmante. Nos prometen un mundo futuro, del cual se olvidan un mes después del fallecimiento. Valhallas, paraísos, resurrecciones, todo para calmar nuestro dolor. Pero la realidad es que nacemos y morimos como cualquier mamífero, sea racional o irracional. La desigualdad que promulgan algunos no es tal, es sólo un flash durante el corto espacio de la vida.
La tradición mortuoria no es ni mucho menos católica, es una pena que esta religión no tenga en cuenta más historia que la suya. El entierro de nuestros muertos es ancestral y, la Iglesia Católica sólo la llena de incienso y agua bendita.
La igualdad de los Seres Humanos no coincide con la igualdad de los Cuerpos o las Inteligencias. Algo que los conservadores y neo-liberales quieren confundir hoy en día. Los que pregonamos la igualdad, lo hacemos de los Seres Humanos, y creemos que cada cuerpo es un mundo y que hay que apoyar a los inteligentes. Pero al contrario que el neo-liberalismo, yo pienso que no hay perdedores y, que el que no llega, también debe tener sus oportunidades. Es como el ejemplo de la vida, ni más ni menos.
Al final todos morimos como mamíferos. Y, sin ningún privilegio.
Juan, al Valhalla iban los guerreros, pero tu tenías la espalda doblada de trabajar. Dejaste Andalucía para ir a buscar trabajo a Catalunya, curraste toda tu vida perjudicando tu salud por tu familia y, nunca, por lo que yo se, pese a tus genios, dejaste de ser una buena persona.
Querido suegro, tu eras un guerrero de la humanidad y tus nietos han llorado tu muerte porque te querían. Y cuando los jóvenes quieren a alguien, es porque vale su peso en oro. No hay mejor persona que aquella a la que quieren los jóvenes. Porque estén equivocados o no, las buenas personas no se catalogan por su ideología, se catalongan por sus hechos.
Descansa en paz, amigo, porque contigo, lo de suegro no resulta desagradable. Estamos muy orgullosos de ti. Hasta como republicano, pillín, que se que lo eras.






4 respuestas a “¡Que poco vale la vida!”
Lo siento y ¡ánimo!
Salud y República
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Gracias amigo. Estoy pasando un mal trago que espero no me aparte de internet.
Saludos
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Lo siento. Con tu suegra sientes lo mismo o es cuestión de género?
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Esa pregunta, aparte de una idiotez y una falta de respeto demuestra la categoría de las personas.
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