Los cuadernos de Don Rigoberto y Los Jefes Los Cachorros, son parte de la literatura de Vargas Llosa, pero es la única que está en mi estantería de libros leídos. Leídos, no «marcados como leídos».
Para mi, es un gran escritor, da igual lo que pensó hace treinta años o lo que piensa ahora (que es todo lo contrario), eso es sólo un signo de que intenta buscar la verdad. Una verdad que no encontró o que encontró pervertida.
Ahora los pedantes le critican o le alaban porque discrepan o coinciden con su ideología. Esa no es importante para catalogar a un genio. Tampoco su vida privada, algo tan de moda hoy.
Por eso, yo, que soy un cabroncete, os voy a recordar a continuación unas cositas que D. Mario escribió en Los Cuadernos de Don Rigoberto, en el capítulo «Diatriba contra el deportista». Esto que van a leer ustedes, agrede tanto a derecha como a izquierda en beneficio de la inteligencia.
«…atornillado frente a la pantalla del televisor y amenizando el espectáculo con tragos de cerveza, cubalibres o whisky a las rocas, se desgañita, congestiona, aúlla, gesticula o deprime con las victorias o fracasos de sus ídolos, como corresponde al hincha antonomásico. Razones sobradas, señor, para que yo confirme mis peores sospechas sobre el mundo en que vivimos y lo tenga a usted por un descerebrado, cacaseno y subnormal. (Uso la primera y la tercera expresión como metáforas, la del medio, en sentido literal)
Si, efectivamente, en su atrofiado intelecto se ha hecho la luz: tengo a la práctica de los deportes en general, y al culto de la práctica de los deportes en particular, por formas extremas de la imbecilidad que acercan al ser humano al carnero, las ocas y la hormiga, tres instancias agravadas del gregarismo animal.
…Los únicos deportes a los que exonero de la picota son los de mesa (excluido el ping-pong) y los de cama (incluida por supuesto la masturbación). A los otros, la cultura contemporánea los ha convertido en obstáculos para el desenvolvimiento del espirítu, la sensibilidad y la imaginación (y, por tanto, del placer). Pero, sobre todo, de la conciencia y de la libertad individual. Nada ha contribuido tanto en ese tiempo, más aún que las ideologías y religiones, a promover el despreciable hombre-masa, el robot de condicionados reflejos, a la resurrección de la cultura del primate de tatuaje y taparrabos emboscados detrás de la fachada de la modernidad, como la divinización de los ejercicios y juegos físicos operada por la socidad de nuestros días…»
Si coincide el ser de derechas con deportista, guárdenos señor de esta persona.
Guanarteme






