Ya saben que cuando se trata de loar a algún erudito,  aquí, el Guanarteme,  trae la opinión de la gente entendida.  Si yo leo un libro y me gusta,  lo digo,  y digo porque me gusta.  No por ello estoy preparado para realizar una semblanza literaria de su autor.  Así que no cometo la pedantería de ponerme a opinar de este y el otro como si fuera un entendido o por lo menos hubiera estudiado Ciencias de la Información.

Ha muerto Gonzalo Rojas,  poeta y profesor chileno.  Aquí sólo quiero rendirle un homenaje,  por lo poco pero bueno que he leído de el.  Por ejemplo,

Las hermosas

Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,

turgentes, desafiantes, rápida la marea,

pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones

y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,

y echan su aroma duro verdemente.

Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas

ni arcángeles: muchachas del país, adivinas

del hombre, y algo más que el calor centelleante,

algo más, algo más que estas ramas flexibles

que saben lo que saben como sabe la tierra.

Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería

de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile

de las calles veloces. Hembras, hembras

en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos

para sacar apenas el beso de la espuma.
Los amantes
París, y esto es un día del 59 en el aire.

Por lo visto es el mismo día radiante desde entonces.

La primavera sabe lo que hace con sus besos. Todavía te busco

en ese taxi urgente, y el gentío. Está escrito que esta noche

dormiré con tu cuerpo largamente, y el tren interminable.

París, y éste es el fósforo de la maravilla violenta.

Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio

en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.

De trenes y más trenes y de aviones errantes nos cosieron los dioses,

y de barcos y barcos, esta red que nos une en lo terrestre.

París, y esto el oleaje de la eternidad de repente.

Allí nos despedimos para seguir volando. No te olvides

de escribirme. La pérdida de esta piel, de estas manos,

y esas ruedas terribles que te llevan tan lejos en la noche,

y este mundo que se abre debajo de nosotros para seguir naciendo.

París, y vamos juntos en el remolino gozoso

de esto que nace y nace con la revolución de cada día.

A tus pétalos altos encomiendo la estrella del que viene en los meses de tu sangre,

y te dejo dormir en la sábana. Pongo mi mano en la hermosura

de tu preñez, y toco claramente el origen.

Un fino erotismo y una biografía,

Gonzalo Rojas (1917- ), escritor chileno. Nació en Lebu, cerca de Concepción, en el sur de Chile, en el seno de una familia modesta. En 1926, cinco años después de la muerte de su padre, la familia se trasladó a Concepción, y Rojas ingresó en un internado de esta misma ciudad. Cursó estudios de Derecho y de Filología Clásica en la Universidad de Chile en Santiago. En esa misma ciudad, fue uno de los fundadores del grupo Mandrágora, que abandonó al rechazar su apego al surrealismo francés. Alternó duros trabajos con el cultivo de su vocación literaria. Fue profesor de Literatura en la Universidad de Chile en Valparaíso y en la de Concepción, en la cual organizó encuentros nacionales de poetas. En 1970 Salvador Allende lo nombró consejero cultural en China y en 1972 trabajó como diplomático en Cuba. Tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet, marchó al exilio en Caracas (Venezuela), donde trabajó en la Universidad Simón Bolívar. En 1979 volvió a Chile y fijó su residencia en Chillán.

Su poesía se mueve por los temas del amor, la muerte y la trascendencia, con un lenguaje de conciencia crítica y de diálogo con el mundo. Entre sus poemarios se cuentan La miseria del hombre (1948, premio de poesía inédita de la Sociedad de Escritores de Chile), Contra la muerte (1964, premio Casa de las Américas), Oscuro (1977), Transtierro (1979), 50 poemas (1982), Del relámpago (1981 y 1984), El alumbrado (1986), Materia de testamento (1988), Desocupado lector (1990), Antología de aire (1991), Las hermosas (1991) y El ocio sagrado (2002). En 1992, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile, y en España el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En los últimos años ha enseñado en diversas universidades estadounidenses. En 1998 se le otorgó el primer Premio Octavio Paz de México por la homónima fundación creada en 1997. En 2002 fue nombrado académico de honor de la Academia Chilena de la Lengua y en el 2003 recibió el Premio Cervantes de Literatura.

De entre todos los artículos que se han dedicado a el hoy,  no muchos, destaco este de BBC-Mundo,  «Gonzalo Rojas, un poeta libertino y divino».

Otro bueno que nos deja,  menudo año….

Guanarteme 


¡HOLA!

Javiguanarteme

Bienvenidos al Flagelo de lo Correcto, mi blog personal donde comparto mis pensamientos, opiniones e intereses.

La justicia es la venganza del hombre social como la venganza es la justicia del hombre salvaje. Epicuro de Samos