
REDACCION CANARIAS SEMANAL.-
«Me da grima, escribe el dirigente político socialdemócrata Gaspar Llamazares en un artículo crítico contra la reconversión supuestamente «leninista» de la dirección del PCE – presenciar cómo un secretario general del PCE falsea la historia de su partido y echa barro sobre su pasado, acusándole de traición… La caricaturizarcion del papel jugado por el PCE en la Transición y la descalificación del eurocomunismo, están sirviendo a José Luis Centella para justificar un postureo “rupturista” .
Según mantiene el ex Coordinador General de IU, Gaspar Llamazares, en un artículo titulado «El PCE niega la memoria de lo mejor de la izquierda y compromete su futuro», la reconversión política que dicen sus dirigentes se está produciendo en la actual dirección del PCE no es más que un «postureo» .
«Me da grima – escribe Llamazares – presenciar cómo un secretario general del PCE falsea la historia de su partido y echa barro sobre su pasado, acusándole de traición. Haría mejor explicando en qué lo ha convertido y por qué hoy gobierna Rajoy. ¿Es por la necesidad de liberarse del peso de una mochila que dificulta la “superación” que le exige Podemos?».
Para el político socialdemócrata, lo que él denomina la «caricaturización» del papel jugado por el PCE en la Transición y la descalificación del eurocomunismo, están sirviendo a José Luis Centella para justificar un postureo “rupturista” con la propuesta de que las Cortes redacten una novísima Constitución. Según Llamazares, Centella acusa ahora a su partido de haber renunciado a la “ruptura democrática”, conformándose con la “ruptura pactada” y «de no haber planteado en 1978 la exigencia de la República, de la salida de la OTAN y del fin del capitalismo «.
Mantiene en su artículo Llamazares , que Centella se contradice al reconocer que en 1978 “no había hegemonía” para conseguir la «ruptura democrática» y que el PCE hubo de aceptar la reforma para no quedarse excluido ni “fuera de juego”. También confiesa Centella que “entrar a debatir si las concesiones fueron mayores de las que tenían que haber realizado (…) es una cuestión difícil de dilucidar”. Por tanto, se pregunta Llamazares, ¿a qué vienen tan injustificadas críticas?»
El ex coordinador de IU acusa en su artículo al todavía secretario general del PCE de:
«abundar en la tesis de un PCE domesticado por los poderes fácticos a la par que asume tanto la fuerza y violencia de los aparatos represivos de la Dictadura, como la tajante negativa del PSOE junto al resto de la oposición democrática a participar en una ruptura frontal. Bien sabe Centella que el PCE sólo convenció a la Junta Democrática para que abrazara ese objetivo y que se la jugó por conseguir una legalización que los procedentes del Régimen querían negarle y que el resto de la oposición quería postergar hasta después de las elecciones» .
Añade Llamazares, que aunque Centella reconoce que la Constitución del 78 estableció una democracia política homologable a la de los países democráticos de nuestro entorno, ahora, llevado por el análisis de lo que pudo haber sido, manifiesta que la Carta Magna, debió implantar una “democracia social”, olvidando que la Constitución define España como un “Estado social y democrático de derecho”.
Gaspar Llamazares acusa, asimismo, a Centella de «arremeter contra el eurocomunismo», afirmando que «el PCE tenía que haberse unido a los partidos comunistas griego y portugués, no sólo al francés y al italiano» .
«Aquel PCE – agrega en su artículo Llamazares- no planteó la necesidad de acabar con el capitalismo ni la convocatoria de un referéndum sobre monarquía o república, como afirma Centella con razón. En aquel momento, pedir el paso del capitalismo al socialismo hubiera sido tan esperpéntico como inútil. Sólo el PSOE, junto al MCE y la ORT, ondeó temporal y demagógicamente la bandera republicana, cuando sabíamos que el dilema entonces no era entre Monarquía y República, sino entre dictadura y democracia. El PCE podría haber cometido un error similar al de 1931, cuando salió a la calle gritando “¡Vivan los Sóviets”, mientras la consigna del pueblo era “¡Viva la República!”.
El connotado político socialdemócrata mantiene en su escrito que Centella «se equivoca cuando dice que el eurocomunismo sólo pretendía reformar el capitalismo “para hacerlo más social”. Me remito a los escritos de Enrico Berlinguer y de Santiago Carrillo (“Eurocomunismo y Estado”) que insisten en avanzar en la vía democrática hacia el socialismo, a la luz de las experiencias de Dubcek en Checoslovaquia (1968) y de Salvador Allende en Chile (1973)» .
Según Llamazares:
«»pese a quien pese, el PCE hizo lo que pudo en la Transición, e hizo lo que debió en las condiciones cambiantes de aquel período dramático de la historia de España. La crítica es pertinente, la manipulación del pasado, no. Y considero que las críticas o autocríticas habríamos de dirigirlas a los años sucesivos, cuando gobiernos en democracia han olvidado sistemáticamente los compromisos con la memoria, la república, el sistema electoral o la democratización de todos los aparatos del Estado. Aún más, creo que es posible que el PCE y también IU sean responsables de haber convertido la táctica y la relación de fuerzas que imperaba en la transición y hasta el 23F en estrategia política, dejando en un segundo plano objetivos a los que nunca se ha renunciado, pero que hemos postergado casi cuatro décadas. Es ahí donde nos toca también rectificar» .
Precisa, además, que:
» no responde a la verdad que el PCE renunciara a movilizar al pueblo para que se desmantelaran las bases militares de la OTAN. Desde 1981 se organizaron marchas anti-OTAN hacia Rota y Torrejón, trasladando el debate al Parlamento. Recuérdese incluso que Izquierda Unida se creó a partir de la Plataforma contra la entrada de España en la OTAN, posición que obtuvo casi 7 millones de votos (el 39,85%) en el referéndum del 86″ .
Llamazares finaliza su artículo afirmando que:
«plantear la revisión de la transición como una receta para esta nueva etapa genera problemas. No me extraña que con estos mimbres ideológicos e históricos, las líneas rojas entre la izquierda y entre lo nuevo y lo viejo hayan derrotado la voluntad de cambio: Puro sectarismo. Además, compromete el futuro, pues en vez de situarnos ante la contrarrevolución conservadora que está en marcha, no solo en los Estados Unidos, nos coloca en un supuesto proceso de transición donde sí cabe el debate manido entre reforma y ruptura. Idealismo sobre la correlación de fuerzas. Mientras, se eluden la necesidad de colaboración en la izquierda política y social y el reconocimiento del papel autónomo de sindicatos y movimientos sociales para evitar un ciclo largo de la derecha y la extrema derecha – en España y en Europa- que dé al traste con las ya debilitadas conquistas democráticas y sociales» .
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NOTA DEL FLAGELO: En esta ocasión tengo que dar la razón a Gaspar en todo lo que comenta en este artículo. Echar mierda sobre la historia para crear una supuesta renovación sólo lleva al autoengaño, por falta de iniciativas ideológicas. El analisis marxista de finales del siglo IXX y principios del XX y sus soluciones, no coincide con el del siglo XXI, primero porque no existe y segundo porque de haber existido hubiera desconectado a tanto fundamentalista de pedigrí que existe en el PCE.
«El Capital», El Manifiesto Comunista» o los logros históricos de la URSS, no pueden constituir una «Biblia» ni un «Coran». Hay que analizar el presente con la gran visión marxista y buscar las soluciones prácticas y la estrategia adecuada contra el poder económico y el modelo social complaciente.






